Los nombres que nos dan. Los nombres que nos damos.




A finales de octubre de 2018 participé como ponente en el 2º Congreso Europeo sobre Vida Independiente, celebrado en Valencia. Algunos días después de mi intervención tuve la oportunidad de conversar con César Giménez (gracias, César, por la productiva comunicación), miembro del Foro de Vida Independiente y Divertad, a propósito de un texto que él había publicado a comienzos de ese mismo mes en la página Derechos Humanos ¡Ya! El texto se titulaba La discriminación en construcción”, y contenía las reflexiones acerca de sus propios pensamientos sobre las expresiones “diversidad funcional”, “personas con discapacidad” y la palabra “discapacitado”.

Las primeras cuestiones que me interesa tratar aquí giraron en torno a este extracto de su texto:

"Pero volviendo al tema de que somos personas discapacitadas, no invento nada nuevo. Simplemente recojo el modo en que los británicos se refieren a nosotros. Añaden ellos que una persona es discapacitada por su entorno, como vengo diciendo, pero esto no niega que tengamos unas limitaciones extra (llámense enfermedad, secuelas, lesión, trastorno, síndrome o como ustedes deseen).”

Acerca del uso de “discapacitado” como traslación o traducción directa al español del inglés “disabled” yo le expresé mis dudas, que paso a exponer.

El inglés y el español son dos lenguas con lógicas muy distintas, y los procesos de adjetivación y substantivación en ambas no tienen por qué reflejar los mismos sentidos. Nosotros, en español, decimos “me duele” “la” espalda, y ellos, en inglés, dirían “tengo un dolor” en “mi” espalda (I have a pain in my back), o quizá “mi” espalda “duele” (My back hurts). Son lenguas distintas, que, consecuentemente, construyen mundos diferentes de vida y de experiencia. Además, me parece importante atender a quién utiliza el término en cuestión (quién enuncia y quién es enunciado): quién “discapacita” (carácter transitivo) y quien “es discapacitado” (carácter intransitivo o transitivo). Si, con independencia de quién lo use, el término utilizado es “el mismo” (disabled), me pregunto, entonces, ¿qué contenido político puede tener ese término? Considero que este es uno de los matices importantes que se pierden en su adopción directa del inglés al español. Según quien lo utilizase habría que decir, por un lado, “vosotros, los discapacitados por nosotros" (a quienes nosotros discapacitamos) y, por otro lado, “nosotros, los discapacitados por vosotros" (a quienes vosotros discapacitáis). Pero, esto es demasiado largo para la economía del lenguaje, de modo que, finalmente, se queda en “vosotros, los discapacitados” o “nosotros, los discapacitados”, y aún de manera más escueta e idiomáticamente descontextualizada: “los discapacitados" (the disabled, disabled people).

Otro inconveniente que veo a la hora de aceptar la validez de esa traducción directa entre lenguas tan distintas tiene que ver con la diferente historia sociopolítica en ambos contextos, no solo idiomáticos, sino también culturales, en lo tocante a la extensión y continuidad de una tradición democrática y de reivindicación y logro de derechos civiles y sociales en ellos. En este sentido, me parece que las diferentes características, propias y particulares de cada uno, situadas en su propio devenir histórico, deberían ser un elemento importante a tener en cuenta.

Finalmente, y sin que esto agote la indagación, pienso que no se puede ignorar la diferencia derivada del peso desigual que en ambos contextos sociales (el español y el británico) puedan mostrar el modelo médico y el modelo social de la discapacidad. Esto tiene que ver, directamente, con el distinto desarrollo y madurez de los estudios sobre la discapacidad (Disability Studies) en los dos contextos. Cabe pensar que el hecho de que el modelo social se haya creado, como tal, dentro de la sociología británica, y no de la española, pueda traer consigo notas diferenciales relevantes.


Resumo estas observaciones en forma de sugerencias: los estudios acerca de la discapacidad, con independencia del contexto en que se lleven a cabo, deberían incorporar a su acervo multidisciplinar la indagación idiomática y lingüística; también la investigación sociopolítica y jurídica, históricamente situadas; y asimismo la atención a la implantación y relevancia social de los diferentes modelos acerca de la discapacidad, que en nuestros días son, básicamente, el modelo médico y el modelo social.

Esta parte concreta del texto de César Giménez nos sirvió de eje para otros intercambios de pareceres:

"Últimamente utilizo el término “discapacitado” porque la expresión “diversidad funcional” no me parece adecuada por varios motivos. Sencillamente un individuo no es discriminado por su diversidad de sexo, diversidad de edad, diversidad de orientación sexual, diversidad funcional, diversidad de identidad sexual, diversidad de procedencia, diversidad de clase social, o lo que se nos ocurra. El individuo en cuestión puede ser discriminado por su sexo, edad, orientación sexual, funcionamiento, identidad sexual, procedencia o clase social.”

A propósito de esta declaración, mi parecer es que estas palabras encierran un malentendido. Creo que a una persona mayor, por tomar uno de los casos de diversidad mencionados, no se la discrimina por el hecho de “ser mayor”, sino a través del discurso que establece que “ser mayor” es peor que “ser joven”, que es preferible y mucho más valorable y deseable, mucho mejor, ser joven que ser mayor. Es decir, la diferencia entre “ser joven” y “ser mayor” no es neutra, sino que, a través de ese discurso discriminatorio (edadista) se carga totalmente de valores y contravalores. No sucede lo mismo, por ejemplo, con “ser rubio” o “ser moreno”. Aunque tengamos preferencias, no se considera que sea mejor lo uno que lo otro. Hay gente rubia que se tiñe de morena y a la inversa. No hay un discurso “rubista” a través del cual se discrimine a las personas de pelo moreno (al menos que yo sepa). En cambio, sí hay, en todas partes, un discurso “capacitista” a través del cual se infravalora y se discrimina a las personas con discapacidad. La infravaloración de ciertas formas minoritarias y diversas de funcionamiento y de las personas que las desempeñan, infravaloradas, en consecuencia, como “dis-capacidades” y “dis-capacitadas”, correlaciona directamente con la desigualdad de derechos y oportunidades.

El planteamiento por el que abogamos en este proyecto de investigación es que la idea de diversidad funcional se puede dirigir a restar intensidad y presencia a ese discurso capacitista. Personalmente, no creo que pueda llegar a eliminarse, pues probablemente forme parte de la propia condición humana. Paco Guzmán lo expresó de una manera que considero muy acertada:

“Por fortuna o por desgracia, creo que el capacitismo, tome las formas que tome, siempre será algo inherente a la sociedad humana pero, afortunadamente, también es algo que siempre se puede poner en cuestión, tal y como ocurre con las relaciones de poder que investigaba Foucault, de hecho es muy posible que el capacitismo funcione como una relación de poder más. Veo el capacitismo como un tema que, lejos de desaparecer, sobrevivirá a lo largo de los siglos tomando diferentes formas. Por ello mismo tiene que estar continuamente sometido a crítica.”

Cierro esta nota con una mención al concepto de diversidad funcional. Personalmente, el escrito inaugural de Manuel Lobato y Javier Romañach me parece muy bien argumentado, y no me refiero solo a la teoría de la argumentación, sino a una posición activista, que es lo que ellos eran; activistas, no académicos. Sirva esta observación, de paso, para sugerir también que los estudios sobre la argumentación y sobre los discursos se incorporen igualmente al acervo multidisciplinar, antes aludido, de los estudios sobre la discapacidad. Paco Guzmán también contribuyó eficazmente a la construcción del concepto de diversidad funcional. Como tal, un concepto actualmente en construcción...

En mi intervención en el congreso ya mencionado distinguí entre un uso extensivo y significante del término diversidad funcional, en la expresión “personas con diversidad funcional”, y una elaboración intensiva y significativa del concepto, “personas discriminadas por su diversidad funcional”, que tiene como objetivo su plasmación en un discurso social necesario e ineludible. Tanto como puedan serlo el discurso acerca del género, de la orientación sexual o de la pertenencia étnica o racial, entre otros.

Pero, todas las ideas contenidas en esta nota ya las expresó Javier Romañach, de manera mucho más sencilla y acertada, en el vídeo que la encabeza. No dejes de verlo, de escucharlo, de disfrutarlo…

Mario Toboso

Instituto de Filosofía, CSIC

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